lunes, 16 de diciembre de 2013

Choque con la realidad

31 años. Guapa, tampoco es que fuera una modelo, vale, pero, guapa. Con una sonrisa de esas que iluminan cualquier habitación. Quizás no sea para tanto, pero os puedo prometer que iluminó el sillón ese azul verdoso en el que estaba sentada, iluminó a su hermano, a todos los que estábamos en la habitación y, por qué no, a toda la planta.  Realmente no sé cómo era ella antes, no sé hasta qué punto había cambiado. Sólo sé, que detrás de sus ojos, se escondía una niña de 5 años, su misma expresión, su misma inocencia. Esa risa tonta que tienen los pequeños cuando se ponen nervioso y sólo buscan llamar la atención y caer bien...
Así es la vida. Llena de cosas que nunca pasan, de esas que sólo vemos en las noticias. Llena de, nos tomamos la última y te acerco. De, no pasa nada, si yo controlo, yo estoy bien... Llena de sirenas, de ambulancias, de urgencias, llenas de familias y vidas rotas... y ella, la vida, sólo necesita un segundo. Ni siquiera 60 de ellos, ni siquiera un minuto, solo 1 segundo, 1 instante para ponerlo todo patas arriba.

Es que hoy, he tenido eso que yo llamo 'choque con la realidad', que mi padre, cuando se lo he contado ha dicho 'vaya día de esos de pellizco'. Él es así. Es un experto, un doctorado en segundos determinantes.
Me niego a dejarle a esa vida actuar a su antojo, sin hacer nada. Aunque sí,  siempre lo consiga, pero me niego a vivir en letargo, esperando a que pasen determinadas cosas, esperando a tener según qué cosas para hacer según qué otras.
Me niego a seguir viendo pasar instantes y perder oportunidades.
Me niego a que pasen segundos, instantes, oportunidades para ser feliz.
Me niego a que pase ni un sólo día sin decirle a los que quiero que los quiero, o para demostrárselo.
Me niego a que pase el tiempo, a que pasen las oportunidades sin luchar por lo que creo, por lo que quiero.
Si hay algo que me han enseñado los choques con la realidad, los segundos determinantes es que hay que buscar cualquier excusa, cualquiera vale, cuanto más pequeña, simple o normal, mejor, pero búscala y déjala en la montaña del ser feliz.
¿Y tú? ¿Cuántas veces necesitas que la vida te golpee para comenzar a vivir?

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